Veni, vidi. Berlín. Seis letras
que de seguido retumbaron en mi cabeza durante meses. Su capacidad para
evocar pensamientos es ilimitada y simplemente excitante. En este rincón
abordaré principalmente uno de ellos aunque indisolublemente unido a todas las
demás. Hablemos de correr.
A principios de enero y en pleno invierno llegué a la capital alemana para comenzar mi fase I como becario del ICEX en la Oficina Económica y Comercial de España.
Berlín se encuentra en
el epicentro de la conocida como Gran Llanura Europea, un vasto territorio
que se extiende desde Bélgica hasta Polonia y en el que la elevación queda
entre los 0 y los 200 m de altitud. No hay relieve, ni montañas, ni alegría.
En este punto, cobra
sentido una de las verdades universales que rigen nuestro particular
mundo. Todos lo sabemos. Berlín es muchas cosas, pero además es la ciudad del
maratón. Es la urbe más rápida del planeta para correr la distancia que los
humanos contemplan como la prueba reina de la larga distancia. Y no es de
extrañar. Aquí comienza mi historia.
Berlín me recibió casi a
oscuras. Tras varios meses de sol y de mañana, me vi obligado en las primeras
semanas a explorar la ciudad de forma nocturna, con la tensión de memorizar
cada rótulo y cada para poder retomar el camino de vuelta a casa. Además, la
escasa visibilidad desde antes de las 5 de la tarde no me facilitaba poder
identificar el tipo de suelo que pisaba. Unas primeras semanas, en definitiva,
nada agradecida.
La segunda semana
trajo un frío más intenso, y también llegó el momento de ir asumiendo una de
las características -y claro defecto- de la ciudad. Cuando sales a entrenar,
más del 50% del terreno es asfalto. Incluso muchos parques están asfaltados.
Sí, una tragedia en mayúsculas para un corredor que se recrea en sus manías y
que habitualmente corre por zonas verdes con bastante relieve. Ok, de
haber nacido aquí no sabría lo que es un cross.

Hubo ciertos días en
que llegamos a rozar los -13C y en los que uno se plantea si es necesario hacer
esto. Pero afortunadamente las temperaturas subieron y volver a ver 0C en el
termómetro fue una auténtica fiesta, aunque durante los días siguientes correr
tampoco fue fácil por el plus de peligrosidad que implica el deshielo y, en
algunos sitios, el barro.
Y con esas llegó la
primera carrera en Berlín. Sobra decir aquí que cualquier carrera en la ciudad
es eminentemente llana -¡no es nada fácil encontrar lugares para hacer
"cuestas"!. Corrí los 10km de Plänterwaldlauf en el parque del mismo nombre, en el
sureste de la ciudad. Una carrera bastante concurrida por ser una de las
primeras del año ya que, a pesar de celebrarse a principios de febrero, en
estas fechas y debido al clima los alemanes apenas organizan este tipo de
eventos al aire libre.

Los días se fueron
haciendo más largos y las temperaturas más agradables. Siempre escuché
hablar de Tiergarten como nuestro “Retiro” Madrileño o como el Central Park de
NY. Pero Tiergarten (“el jardín de los animales”) es ahora mi segunda casa.
Tiene un perímetro de aproximadamente 6km y un intrincado nudo de caminos de
tierra y asfalto por el que deambulan corredores, ciudadanos en bici,
paseantes, conejos y hasta zorros.

La interminable lista
de cosas que hacer en Berlin; las escapadas de fin de semana; las clases de
alemán; o las visitas de amigos y familia no me permiten, en definitiva,
encontrar una rutina habitual de entrenamientos similar, al menos, a la que
tengo en Madrid. No obstante, y pese a no preparar específicamente un objetivo,
mi motivación ahora se mantiene intacta ante la abundante variedad de pruebas y
competiciones en el calendario. Cada carrera supone un lugar nuevo que conocer,
una aventura diferente, y caras inéditas con las que compartir kilómetros. En
pocas palabras, procuro mantener un nivel de forma aceptable pero por ahora no
puedo ni contemplo afinar para una cita concreta. Correr ahora es secundario :)
La primera de las tres
carreras fue la Pankower
Frühlingslauf (carrera de
primavera) , sobre un recorrido de 12,5 km y sobre tierra. El planteamiento de
esta fue eminentemente táctico: encabecé la carrera con otros dos corredores a
un ritmo cómodo de 3:40 y a partir del km 7,5 decidí incrementarlo para
comprobar si los otros me seguían. Sólo lo hizo uno de ellos, Gerrit Wegener,
que se puso a mi espalda y que a falta de 1,5km para meta atacó con todo y que
me aventajó finalmente en 10 segundos. Un segundo puesto bien luchado y
20 puntitos más para el Rk del circuito de carreras.

Y la última prueba en
la que he tomado parte ha sido tal vez la más especial de todas. Se trata de la RBB Lauf Postdamer
Eindrittelmarathon, que se celebra en esta bonita ciudad, a escasos
kilómetros de Berlín y considerada como Patrimonio de la Humanidad por la
Unesco. Patrocinada y organizada por la TV de Berlín, es, por decirlo así, una
carrera mediática, masiva (2000 participantes) y con cierta trayectoria.
Pues bien, el circuito
de 15km discurre tanto como por el Postdam de postal como por el Potsdam de
extrarradio, pero siendo siempre eminente mente llano. Pasados los
primeros kilómetros y una vez hecha una selección natural de cinco corredores,
la carrera es amenizada por orquestas de música y equipos de animadoras en
alguno de los puntos más céntricos de la ciudad. Pero pasado el ecuador de la
prueba llega la hora de la verdad: aquí nadie se atreve a tirar y nos estamos
amodorrando yéndonos de 3:25 a 3:35 en esta parte de carrera. Soy yo el que me
animo a imponer un ritmo más alegre y al paso por el km 10, que marcamos en
algo menos de 34min ya por fin sólo quedamos 3. Pero templo los nervios y me
digo que queda mucha carrera. Uno de mis dos compañeros de viaje se ha venido
arriba de repente y empieza tirar con seguridad y con convicción. Pero en lugar
de venirme abajo me digo que esto me va a venir bien para que alguien me lleve
a meta cuanto antes!. Durante esos kilómetros finales a 3:25 noto que las patas
ya van avisando de que muscularmente están sufriendo, pero soy el tercero en
discordia y no me quiero despegar del culo de los dos alemanes, que miran mucho
hacia atrás para comprobar si me quedo. A unas malas seré el tercero pero hay
que aguantar como sea.
Kilómetro 14.5. Se
escuchan los altavoces de la meta. El cansancio y los nervios nublan la mente
y, cuando el alemán que tiraba tiene aún otro cambio y se va, pienso que me
tengo que ir a morir tras él aunque no logre alcanzarle pero con el fin de
disuadir al tercero de seguirme. Sufrimiento en mayúsculas en los preciosos
metros finales, con cientos de persona animando sobre el puente Glienicker
Brücke, símbolo no sólo ciudad sino también de la Guerra fría, pues
durante décadas separaba las dos Alemanias y los dos grandes regímenes
mundiales. Finalmente y sin amenazas desde atrás levanto los brazos para
celebrar un segundo puesto que me hace muchísima ilusión. Además, el tiempo
final de 46:56 arroja un ritmo medio cercano a los 3:20 y poco, con lo que
quedo muy muy satisfecho.
..el objetivo sigue siendo disfrutar pero, me ronda la idea de intentarlo con una media hummm
¡Seguiremos informando! :)
Qué grande crack. Repartiendo calidad por tierras Alemanas, eres nuestro orgullo y modelo. Qué feliz me pone leer La Aventuras de Miguel en Alemania, te lo digo muy en serio. Aparte de que, ¡ofu! ¿mantener la forma? leo por ahí ritmos en carrera de 3:20... Amigo, no te digo nada.
ResponderEliminarSigue disfrutando como lo haces, por aquí, algunos te echamos d emenos, te lo aseguro.
Un abrazazo enorme
Se me paso decirte que la media, ¡también empieza a llamar a mi puerta! ¿Ya has hecho alguna?
ResponderEliminarOlee, me alegro mucho de que estés aprovechando tan bien tu estancia en Berlín. Seguro que no estás echando de menos España porque se te ve supercontento! Encima sigues corriendo a un nivel estupendo. Seguro que ahora con el buen tiempo vas a disfrutar incluso más.
ResponderEliminarUn abrazo.
qué fuerte que has abandonao tu blog ... pfff ...
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