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martes, 19 de mayo de 2015

Tapia a Todo Trapo (TTT)

Muchos años corriendo en Madrid; tantos que necesito nuevos paisajes y sensaciones para animarme a correr con ganas y con dorsal. La Vuelta a la CdC (Gran Premio Turismo de Tailandia) es una suerte de metacarrera dentro de la Casa de Campo: es una competición que se desarrolla sobre un recorrido mítico para varias generaciones de maratonianos madrileños, incluyendo a mi padre, que en esos rodajes largos de 30 km se han exprimido sobre este circuito nada fácil. 

Es la tercera vez que competía en la Casa de Campo después del Cross Canguro 2006 y la esperpéntica carrera del Banco Santander 2011 (todo un despropósito).  Conocía casi todo el recorrido y era consciente de su dureza y de los toboganes que hay en los primeros kilómetros, pues algunos findes entreno por allí con Álvaro pero recortando la distancia a 14km. Me coloqué en la salida, en definitiva, con mucho respeto ante el temor de no regular bien.


Salimos muy tranquilos y marcamos los primeros kilómetros llanos en 3:40; es decir, íbamos precavidos. Poco después de que comenzaran los toboganes más allá del zoo, José Félix a.k.a El somalí, se va hacia delante y yo, como de costumbre, me guío por mis sensaciones. Parece que detrás tengo a otros corredores, pero queda tanta carrera por delante que paso de pensar en estrategias; yo voy a mi ritmo, subiendo y bajando ligerito y sin pensar en nada más.

Pasado el km 7 hay un kilómetro muy favorable que conduce a Garavitas y después llega  la primera rampa de tapia propiamente dicha... En este punto, sigo escuchando a alguien sonarse los mocos por detrás, así que nunca bajo la guardia. Yo regurgitaba a menudo por un catarrazo que me afectó bastante la semana anterior e incluso El Somalí tosía a menudo. Es decir, un cuadro.


Por fin y casi andando, corono la tapia reina (jodó) y poco después ya estamos junto a las vías del tren. Entro en territorio desconocido porque nunca he bordeado la Tapia por aquí y tengo miedo de perderme porque no llego a ver a nadie por delante. No obstante siguen cayendo las señalizaciones de los kms y muchos ciclistas que también hacen deporte, me animan.
  
Aún quedan 5 kms y pese a que el perfil es relativamente favorable en esta parte de la carrera, noto que no puedo apretar... ya acumulo fatiga muscular, y no sé si me estoy volviendo loco pero sigo escuchando a alguien sonarse... ¡qué pesadilla, qué estrés! pero no puedo mirar atrás... es una premisa que me impongo a mí mismo siempre para no perder ni la concentración ni el control.


Siguen cayendo muy lentamente los kilómetros y falta de 3 kilómetros sufro lo indecible por el calor, la boca de trapo, los repechos inesperados y la manía persecutoria del moco. Llegamos al asfalto y me siento como si pesara 20 kilos más.. alguien me anima por mi nombre pero no tengo ni idea de quién es... a falta de un kilómetro decido girarme y no veo a nadie así que echo el freno y "me relajo" porque quiero llegar a la meta con una sonrisa y no con mi rictus de destrucción.


Llegamos al Lago y por fin se termina el suplicio tras 16,6 km. Mis padres me reciben con saltos en meta y entro en 1:02, dos minutos después que el ganador, y a 25" del tercer clasificado, el bombero con congestión nasal. El cuarto corredor llegó 2 min después, por lo que a posteriori cabría haber pensado en un buen tandem con el tercero durante la carrera, pero uno, salvando mucho las distancias, siempre lleva a una Radcliffe o a una Pavey dentro: no destaco por mi final, así que me conviene ir al ritmo medio más elevado que las piernas me permitan (espero que futuros rivales no lean esto, estoy poniendo todas mis cartas sobre la mesa! jeje)

Fue una alegría inesperada, puesto que no contaba con estar delante en una prueba larga y exigente para mí; una satisfacción enorme agradecerle a mi familia su apoyo subiendo al cajón; y un entrenamiento serio que me llevo, con una media de 3:45. Las clasificaciones, AQUÍ.

El 12 de junio nos lanzaremos a probar la versión veraniega de mi amada SSVI: La Cursa del Bombers, los 10km más emblemáticos de Barcelona que por primera vez serán nocturnos y en el mes de junio. Nike me tiene emocionalmente secuestrado al menos una vez el año. Veremos si no se convierte en un síndrome de Estocolmo.